10 de mayo de 2005

Días sin memoria

Trato de hacer orden en mi armario. De los bolsillos de un pantalón sepultado caen, al arrancarlo de su olvido, unos papeles. Me llaman la atención un par de entradas de cine de hace tres años, con el nombre de una película que no recuerdo haber visto, ni con quién pude ir. Pero hay más recuerdos de aquellos días: una factura de ropa interior de una tienda que no me suena de nada, un número de teléfono sin un nombre al lado que pueda darme alguna pista, un folleto de un curso que jamás podría interesarme... ¿Todo esto es mío? ¿O era de ese alguien que vivía esos días sin diferenciar unos de otros, alguien que ya no soy yo, este que soy ahora?

Me siento sobre la cama y me concentro en una idea: este instante no voy a olvidarlo, no quiero hacerlo.

6 de mayo de 2005

Aquel instante

¿Te acuerdas, cariño, de aquella luz? Acabábamos de llegar a casa, yo había puesto una canción, nos quitábamos la ropa en el dormitorio, de pronto, en un imperceptible viraje, el primer rayo del mediodía se coló a través de la ventana, y luego otro, y otro, la canción llegaba a su climax al tiempo que la habitación quedaba inundada por la luz del otoño, y entonces nos miramos, amor, me acerqué a ti, rodeé tu cintura y absorbí el olor que siempre dormía en el hueco de tu nuca, y tú me preguntaste “¿Te quieres casar conmigo?”, y yo respondí sin pensar, no hacía falta siendo como éramos en aquel instante uno solo.

5 de mayo de 2005

Nosotros, ellos

Somos menos, pero esa siempre ha sido nuestra ventaja. Les hacemos creer que la vida que llevan es buena, que no es sostenible que puedan disfrutar de más tiempo libre, que el mejor ámbito para la superación personal es el trabajo, que el consumo (de nuestros productos, qué bella simetría) es la forma natural de gastar el sueldo raquítico que tanto les cuesta ganar, que lo justo es que sean siempre ellos los que tienen que esforzarse (hemos ideado múltiples variantes) cuando nuestros beneficios no son los esperados, que es normal aguantar hasta los 65 años (cuando ya no nos sirven porque las enfermedades se acumulan en su historial clínico) para disfrutar de libertad, que el liberalismo salvaje es la única fórmula económica compatible con la democracia... ¿Cómo lo hacemos? Es fácil. Nosotros, que somos pocos y podemos organizarnos mejor, inventamos un mundo cerrado, impermeable, en el que no hay lugar para la disidencia, no hay modelos para la rebelión, donde los políticos son nuestras marionetas porque dependen de nuestro dinero y la burocracia atenaza al individuo imposibilitando el acceso a lo concreto, a los hilos que sólo nosotros movemos. ¿Quienes somos? Los de siempre, los que llenamos nuestras arcas gracias a su esclavitud, su mente de la que hemos borrado toda capacidad crítica, un círculo reducido de personas en cada país por el que ellos, los ilusos, los ignorantes, que son millones, creen que luchan, cuando en realidad es por nuestro bienestar que ellos se dejan lo mejor de su vida en el camino, un camino que para nosotros es de rosas y para ellos de afiladas espinas. Y que nadie se lleve a engaño: no sentimos el más mínimo escrúpulo. Eso es de débiles, de idealistas, de rebeldes... en resumen, de aquellos que nunca han cabido -ni cabrán- en nuestro sistema.

4 de mayo de 2005

Aquella noche

¿Te acuerdas, cariño, de nuestra primera noche? Yo andaba perdido en tus ojos, tus pequeños gestos, tus manos siempre enfatizando tus palabras, y hubo un instante en que no pude más y te dije "¿Puedo coger tus manos?", y tú no te negaste, me permitiste tomarlas en las mías, y nuestros dedos comenzaron a enredarse en una red de palpitación y silencio, hasta que al final tú te levantaste y tiraste de mí llevándome a tu dormitorio, me decías "Ven aquí, tonto", y yo te seguí, seguro al fin de que, siquiera por una noche, serías mío.

Agradecimiento

Mi canción Shadows suena en el programa de radio de Pin & Pon DJ’s de esta semana. Gracias desde aquí a Rafael y Joan.