Hoy quiero hablar del soñador, del niño
que tan fijamente miraba todo,
Antonio le pusieron por cariño
a un Santo glorificado en el No-Do.
Aprendió que el afluente del Miño
era el Sil, pero nunca hubo modo
de que Antonio supiera hacer un guiño
ni recordara un solo rey godo.
Aunque hubiera sabido de pequeño
lo que cuesta ser mayor, perseguir
los deseos que me nacen del alma,
sé que no habría cambiado ni un sueño
de aquellos que debía reprimir:
prefiero la tempestad a la calma.
Desde abril de 2005, con cambios de nombre, con etapas de intensa publicación y otras de silencio que nunca ha sido definitivo. Pensamientos, música, cine, literatura... Un blog, lo que solían ser los blogs personales. Ante todo, un espacio de expresión.
30 de diciembre de 2005
Instante
La levedad, los recuerdos contenidos en un instante. Y la fantasía. Todo pesa, como ese quiebro de tu cadera o la caricia que me gustaría darte. Siento, sufro, proyecto diapositivas del deseo en ojos de hombre, en el gris de la acera o el cigarrillo arrojado a un charco; esos espejos que sólo a veces me reflejan. Es el mundo para mí, mi vida. Treinta y un años. Leves, una insignificancia en el tiempo del universo reducidos a este –y este (y este)– instante. Yo, mi cuerpo, una insignificancia en la multitud de cuerpos. El amor, el amor que nos amarra en la deriva. Sin esto que llamamos amor y que es cariño, pasión o –admitámoslo de una vez– necesidad, los días no renacerían uno tras otro. Hermosos o deplorables, breves o inagotables, pero tan únicos...
Porque si cada noche no sueño con la mañana, no llegará.
Porque si cada mañana no recuerdo la noche, no existió.
En este instante, soy.
Porque si cada noche no sueño con la mañana, no llegará.
Porque si cada mañana no recuerdo la noche, no existió.
En este instante, soy.
29 de diciembre de 2005
Poesía laboral
A través de unos ventanales empañados, sucios, entreveo el atardecer. Ha parado en seco el ruido de los paneles de ventilación; sólo entonces me he dado cuenta de que llevaban zumbando todo el día. En esta sala enorme quedamos apenas diez personas, todas con sus ilusiones o recuerdos proyectando imágenes en la pantalla de cada ordenador. Porque me resisto a creer que yo soy el único que no olvida que existe, que no dictamina su muerte poética durante las ocho horas de jornada laboral. Incluso aquí, en esta oficina, la poesía se revela irresistible. Puede habitar, por ejemplo, en todos esos muñequitos de goma que alegran el escritorio de un muchacho en el que hace semanas que me fijo o, también, en ese ruido que no escuché, que nunca escucho, quizás la huella de todas esas realidades que escapan a la percepción, a veces por la basura que se interpone –como ese polvo pegado al cristal– o, casi siempre, porque olvidamos que los sentidos nunca deberían anestesiarse.
Te espero
Tu mirada en erupción
No extingas tu volcán
Yo te esperaré
En el tiempo del amor
Tú me haces esperar
Y sin ti, te espero
Ni a tu lado
Ni en tu ausencia
Eres fuego y tempestad
Pero yo deseo más
Estoy esperándote
No sé vivir
Ni contigo ni sin ti
Ni a tu lado
Ni en tu ausencia
Me quemo en ti
Tu lava fluye sin control
Abrásame y
mátame de amor
Te delatas en tu piel
Te delatas en tu piel
En tu piel
En tu piel
Te delatas en tu piel
No sé vivir
Ni contigo ni sin ti
Ni a tu lado
Ni en tu ausencia
Ni a tu lado
Ni en tu ausencia
(Versión muy personal de una canción que forma parte –como ya mencioné en una letra– de mi memoria y la de muchos, de nuestra vida. Es, a día de hoy, mi versión predilecta para el concierto de febrero. Así que, groupies... ¡os animo a memorizarla!)
No extingas tu volcán
Yo te esperaré
En el tiempo del amor
Tú me haces esperar
Y sin ti, te espero
Ni a tu lado
Ni en tu ausencia
Eres fuego y tempestad
Pero yo deseo más
Estoy esperándote
No sé vivir
Ni contigo ni sin ti
Ni a tu lado
Ni en tu ausencia
Me quemo en ti
Tu lava fluye sin control
Abrásame y
mátame de amor
Te delatas en tu piel
Te delatas en tu piel
En tu piel
En tu piel
Te delatas en tu piel
No sé vivir
Ni contigo ni sin ti
Ni a tu lado
Ni en tu ausencia
Ni a tu lado
Ni en tu ausencia
(Versión muy personal de una canción que forma parte –como ya mencioné en una letra– de mi memoria y la de muchos, de nuestra vida. Es, a día de hoy, mi versión predilecta para el concierto de febrero. Así que, groupies... ¡os animo a memorizarla!)
28 de diciembre de 2005
1997
Me he acordado de aquel patio de Budapest, de mi desolación que sólo tú abarcabas, que sólo tú podías atenuar, y es ahora cuando entiendo por qué te sentaste a mi lado, por qué pegaste tu hombro contra el mío y comenzaste a hundir una y otra vez las yemas de tus dedos en mi nuca. Jamás un hombre me había tocado así, no lo ignorabas, nunca nadie me había excitado por el tacto, y allí, en aquella escalera, abolido el tiempo y las fronteras, penetrado por el abismo de amor que cavaban tus dedos, mi pecho latió embrutecido hasta el instante en que levantaste tu mano y esbozaste para mí una caricia en el aire. Sólo entonces pude mirarte.
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